(Inspirado en “Calle de las Tiendas Oscuras” y “Rayuela”)
A veces, cuando iba por el café que solía frecuentar en otra vida, y pedía lo que bebía en esta, eran muchos los borrachos que, convertidos ya en parroquianos fieles a este sitio, me preguntaban: -¿Dónde está esa belleza con la que siempre andabas de la mano?-
-Se fue- les contestaba yo, y sin más apuraba mi vaso y salía a las calles aun calientes de la asfixiante temperatura del día. Me dolía recordar la vida antes de París. Aunque allí también la tuve, durante un fugaz instante, y cuando yo aun no pertenecía a esa ciudad. En París viví una estancia relativamente cómoda. No comprendía totalmente el idioma, pero sus costumbres, sus hechos y sus modales, exquisitos siempre, aunque algo toscos con los foráneos eran para mí una remembranza de lo que debía haber sido siempre mi vida. O no. Porque en mi interior, aunque yo me empeñara en sentir lo contrario, sabía que mi vida siempre había sido ella, y el resto… un capitulo sin ninguna importancia que ya duraba demasiado.
Pero, en los tiempos difíciles, no éramos nosotros los dueños de nuestras vidas. Solo el destino decidía quien podía o no ser feliz. Y aunque quiero excusarme en eso, y creer que hice todo cuanto estuvo en mi mano, solo podía pensar en que ella ya no estaba. El problema en si no es que ella estuviera muerta. El problema era que en mi seguía viva.
Y la vida era mucha vida, y muy poca, sin ella.
Y ya nadie me llenaba lo suficiente como para no querer olvidarme de todo, que era lo que había estado haciendo tanto tiempo, sin importar lo que quisiera el resto del mundo de mí, porque aunque estuviera aquí jamás podría dársela. Y sin importar tampoco a quien pudiera herir yo con ello. Siempre en busca de consuelo en un poco de olvido.
Una tormenta se acercaba, y yo solo rezaba para que sus gotas me empaparan y limpiaran mi conciencia. Que me llenaran de palabras que dijeran “hiciste todo lo que pudiste” aunque sintiera que aun podría haber hecho más.
Abrázame tormenta, y confórtame en tus frías gotas de agua.
Ojala tuviera otra vida para poder recordarla…
H.
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